Dicen que las cosas no planeadas a veces salen mejor… bueno, en algunas cosas no aplica, pero en un viaje sí. Debo confesarles que para nuestra prueba en la Indian Chieftain ya habíamos planeado el viaje en el que iríamos en parejas para aprovechar la comodidad de esta moto del segmento bagger. La idea era ir a Guanajuato, pero las cosas no salieron como estaba planeado y mi conocido tuvo que cancelar por causas de fuerza mayor. Ya no vi el caso de emprender el viaje así que el viernes estaba sumido en mis pensamientos de buscar un nuevo destino ya que la Chieftain pedía a gritos carretera.

Indian Chieftain

Indian Chieftain, poderío total del V-Twin Foto: Ricardo Silverio

Ya no sería un viaje de un día para otro, solo una salida sabatina, por lo que luego de ver mi listado de destinos relativamente cercanos, recordé el Pueblo Mágico de Aculco, en el Estado de México casi con el límite de Querétaro, esto significaría unos 130 km por las largas rectas de la carretera de cuota y un sinuoso regreso por la carretera 55 D que nos llevaría hasta Atlacomulco y bajar vía Toluca de nuevo a la Ciudad de México. Aunque les confieso que me quedé en Metepec con unos amigos.

Indian Chieftain

Indian Chieftain, control de sonido y funciones como en un coche. Foto: Ricardo Silverio

Este preámbulo es para platicarles como un cambio de plan se convirtió en un gran viaje, donde la Indian Chieftain nos hizo olvidar todos los elementos externos, fue rodar como en una burbuja, una que también detuvo el tiempo, mientras íbamos sentados literalmente en un sillón admirando los increíbles y cambiantes paisajes que ofrece México.

El viaje

Cómo debe ser, la salida debía ser temprano, y esto nos evitó el tránsito citadino, y es que aunque la Indian Chieftain es realmente fácil de manejar (aunque no lo parezca) debemos recordar que pesa en orden de marcha 391 kg, lo cual a baja velocidad es una tortura. En la ciudad la entrega de potencia es suave y se puede dosificar muy sencillo desde el acelerador. La calidad de marcha es suave, por lo que la mayoría de los baches serán absorbidos por la robusta suspensión.

Indian Chieftain

Indian Chieftain, gran capacidad de configuración en la pantalla táctil. Foto: Ricardo Silverio

A primera instancia pareciera que la Indian Chieftain tiene poca altura, pero no es así, pudiendo librar fácilmente los topes y más importante, permitiendo inclinaciones laterales importantes sin raspar los posa pies o partes del chasis, como si me pasó con la Honda Fury, Yamaha Striker, y bueno, casi todas las Harley-Davidson.

Adiós ciudad de México los dejamos con su locura de tránsito y contaminación, y comenzamos a rodar en carretera; sexta velocidad y mantengo una velocidad de crucero de unos 130 km/hr, mi pasajera muy cómoda y poco equipaje en las maletas, que eso sí, me gustaría que tuvieran más capacidad. La marcha era tan confortable que casi arrullaba, con un suave muelleo de la suspensión pero sin ser como de auto americano de los 70´s. con la Chieftain se siete solidez y poderío.

Indian Chieftain

Indian Chieftain, comodidad total para los dos. Foto: Ricardo Silverio

En sexta marcha el motor V-Twin de 1.811 cc todavía tiene poder de sobra para hacer un rebase gracias a los 161.6 Nm de par motor, dato que está a la par de autos compacto, ¿nada mal verdad? Aunado a esto el gigantesco frontal de la Chieftain genera un vacío a velocidad para el piloto y pasajero, por lo que el viento y turbulencia en el cuerpo disminuye, pero si sienten mucho aire en la cabeza solo basta accionar un botón para que el parabrisas suba y podamos incluso hablar con el pasajero o escuchar música y vaya que el sistema de audio de la Chieftain se aprecia, no le pide nada a un audio Premium de auto.

Indian Chieftain

Indian Chieftain, navegación y computadora de viaje. Foto: Ricardo Silverio

La aburrida carretera de cuota por fin terminó, y comenzó la zona rural, donde la maniobrabilidad de la Indian Chieftain se demostró en muchas ocasiones, y es que en movimiento apenas se siente el peso y de paso pude comprobar la potencia de los frenos al ver uno de esos “simpáticos” topes sin pintar, frené con todo y la moto sólida sin movimientos nerviosos y esto, para los que andan en moto saben que da mucha confianza.

Al entrar a esta zona rural el tiempo comenzó a ir más lento, el sol brillaba más, los colores se notaban más y no es que hubiera nada en especial, sino que una moto te da la oportunidad de observar más detalles y sentirlos, por así decirlo. La prisa se va y te da tiempo de respirar y disfrutar una caminata por un pueblo adoquinado y ¿desayunar en el mercado, donde está lo más auténtico de cada localidad.

Indian Chieftain

Indian Chieftain. Foto: Ricardo Silverio

Luego de un buen café, el camino siguió hacia las Cascadas de la Concepción, un paisaje natural imponente con formas rocosas caprichosas esculpidas durante miles de años por el agua. Ahí pasamos un buen rato, al compás del sonido del agua en un momento de poder.

El camino continuó por la carretera 55D que pasa por el poblado de Acambay y una peculiar zona denominada el Valle de los Espejos, ya que al ver al horizonte los múltiples ojos de agua reflejan el sol como si fueran espejos. Eso fue bueno, lo que no es que una parte de la carretera estaba en reparación y era un caos, pero lo que me ocupó más es manejar la Chieftain en terracería a baja velocidad y poca adherencia, no paso nada pero fue una experiencia agotadora.

Indian Chieftain

Indian Chieftain, aerodinámica total. Foto: Ricardo Silverio

Pasando la zona de Atlacomulco, la lluvia hizo acto de presencia, por lo que mi acompañante se puso el impermeable. Tuvimos suerte porque la lluvia fuerte ya había pasado y solo nos tocó una leve precipitación, niebla y charcos, cosas que no detuvieron a los casi 400 kg de la moto y dos pasajeros súper esbeltos y deportistas…no.

La lluvia se fue rápidamente y decidí pasar a saludar a unos amigos a Metepec, donde para entrar tuve que ser parte de una festiva procesión, e ir rodando a baja velocidad con los pies abajo mientras mi mano izquierda sufría con el clutch. Gente bailando, regalando cosas, aventando agua (eso espero) hizo que olvidara el calor y cansancio de la mano para que de alguna manera nos hiciéramos parte de ese momento.

Indian Chieftain

Indian Chieftain. Foto: Ricardo Silverio

En ese lugar con mis amistades nos quedamos y luego de unas cuantas refrescantes cervezas, recapitulé el día, y me dije, “ey, que divertido, algo tan corto y simple se convirtió en un momento de catarsis y de paso nos bajó el estrés de la ciudad”. Y esto es lo que logra una motocicleta, que en el caso de la Indian Chieftain está hecha para disfrutar cientos de kilómetros, sin prisas o complicaciones.

Si tienes alguna duda de las motos y por eso aún no te animas a manejar, olvida los miedos y “aviéntate” te va a gustar, y mucho.