Piaggio México nos invitó a realizar el rally Sol a Sol, un evento que consta de cruzar por “la cintura” a México, partiendo temprano desde el puerto de Veracruz y llegar a la puesta de sol a las playas de Acapulco. Para esto iríamos en una Moto Guzzi el lado chopper italiano con la Moto Guzzi V9 Bobber una moto con un estilo retro y rudo que se destaca por la posición del motor y el color negro que domina la vista.

Pero para este texto olvidémonos de una prueba de manejo o primer contacto como lo hacemos siempre, así que me permitiré describirles este viaje como lo fue, una experiencia, una que me llevó a recordar las anécdotas del mundo Café Racer, aquel tiempo donde no importaban los caballos de fuerza o quien tuviera la moto más cara, sino el placer de viajar en un grupo de conocidos.

Y así fue nuestro viaje, primero conociendo el modelo Moto Guzzi V9 Bobber en la ciudad al ir por ella. En estos primeros compases noté las capacidades de la moto, donde destacó el par motor de 62 Nm extraído del motor de dos cilindros de 850 cc que desarrolla 55 hp. Algo que destaca en el diseño de esta moto es la posición en 90° de las cabezas del motor. Además con todo y los casi 200 kg de la unidad, este peso se encuentra muy bien repartido en la parte baja por lo que es realmente maniobrable, a tal grado que la podría comparar con una 150 cc.

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol. Foto: Motorette

Comienza el viaje

Desde la ciudad de México teníamos que partir hacia Veracruz, una ruta ya conocida y relativamente corta gracias a la carretera de Xalapa a Veracruz, aunque me hubiera gustado ir por las curvas de Córdoba. El punto de reunión fue un tanto hipster en la colonia Condesa donde me di cuenta que tenía un problema, mi Moto Guzzi V9 Bobber no tenía maletas y la parte trasera del asiento era muy corta para poder fijar bien mi mochila de viaje, pero gracias a un buen samaritano de BMW pude fijarlas sin mayor problema, así el viaje comenzó con algo de frío y una parada a desayunar por la zona de Puebla, total no había prisa y los tiempos eran perfectos. Pasar Puebla siempre es un problema con sus constantes e interminables obras viales y esta vez no fue la excepción pero gracias a la Bobber el pasar entre los autos y camiones parados fue sencillo.

El tramo de la carretera de Xalapa resultó ser la mejor prueba para la Moto Guzzi V9 Bobber ya que cuenta con largas rectas y curvas de velocidad que evidenciaron todo lo que puede hacer… y lo que no. Primero es un hecho que no tiene nada de aerodinámica, y esto es obvio por el enfoque así que no tenemos crítica, la inclinación lateral era buena por lo ancho de ambos neumáticos y la velocidad en plano podía ser de alrededor de 135 km/h, algo también dentro de los estándares de la motorización. Pero lo que no fue agradable fue la suspensión delantera con un toque muy suave y que resultaba nerviosa por momentos.

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol. La noche previa en Veracruz.

La frenada de la Bobber también podría mejorar y mucho, no le quedaría nada mal doble disco adelante y un mejor tacto en la palanca. Hablando de tacto, la caja de cambios es tan suave que por momentos no se siente cuando se realiza un cambio y esto puede o no gustarte en el día a día.

Para la recta final hacia Veracruz el calor era inclemente y la sensación térmica por la humedad marcaba por momentos una temperatura de 37 °, de esta forma la ropa se hacía pesada, el sudor corría por debajo del casco y ropa, la necesidad de hidratarse era mucha y aquí jugó a favor la capacidad del tanque de combustible (15 litros) que nos dieron alrededor de 150 km por tanque, aunque esto debido al ritmo rápido que llevábamos. Así en cada estación de servicio nos refrescábamos.

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol. Foto Ricardo Silverio

El registro en el centro de Veracruz nos recibió en una calle cerrada para las motos que sumaron más de 900 unidades de todas las marcas aunque principalmente era una marea de BMW 1200 GS, Ducati, Harley-Davidson e Indian, si bien muchos iban en moto clubes grandes nosotros nos sentimos muy exclusivos, ya que sabíamos que éramos las únicas tres Moto Guzzi de todo el evento 😀

Sábado 5:30 AM, comienza la actividad en el Puerto con todas las motos formadas, ver el sol salir y luego de unas palabras de los organizadores salir, aquí cada grupo decide cómo le parece mejor irse a Acapulco y en nuestro caso bajaríamos a Morelos. Cero prisas ya que no es un evento de competencia ni velocidad y un día da el tiempo suficiente para rodar los 740 km que hay entre “Sol y Sol”. El calor a las 7 Am era brutal y la salida lenta del puerto fue un martirio pero ya en carretera la sonrisa volvió a aparecer.

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol. Foto Ricardo Silverio

Toda la mañana fue por carretera de cuota con una velocidad sostenida pero debo confesarles que nos pusimos a jugar como antes, es decir a ponernos detrás de la moto de enfrente y “cortar aire” por lo que por momentos las velocidades subieron hasta los 160 km/hr, la moto se sentía bien aunque si teníamos aire de frente la dirección comenzaba a moverse nerviosa.

Lo anterior fue divertido pero pasó factura al cuello, manos y antebrazos que tenían que ir tensos para soportar el viento, además las Moto Guzzi no tienen asientos precisamente cómodos y pensados para viajes largos (algo que deben de cambiar) por lo que la zona inferior dónde termina la espalda fue severamente castigada.

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol. Foto Ricardo Silverio

Alrededor del medio día ya estábamos en Morelos, en la zona del Puente de Ixtla, por lo que decidimos desviarnos a comer cerca del Lago de Tequesquitengo, algo rápido y sobre todo líquidos. El camino continúo por caminos federales y nuestro guía nos llevó por el tramo de “El Zopilote” una zona semi desértica con paisajes increíbles esta vista me hizo olvidar por momentos el dolor físico, aunque no estaba cansado. Al finalizar este tramo llegamos a Chilpancingo, Guerrero y esos poco más de 100 km que faltaban se hicieron eternos aunque la carretera se prestaba para ir rápido.

La llegada a Acapulco fue alrededor de las 7 PM, todavía con mucha luz y un calor fuerte pero no tanto como el de Veracruz, al llegar ya habían muchas motos y otras tantas llegando, y aquí me quedé con la opinión de un fotógrafo que dijo: “no se me antoja hacer un viaje así, ni tener moto luego de ver cómo todos llegan cansados, sudando y algunos quejándose (del calor)”. Y es que es justo eso el mundo del Motociclismo un viaje que puede ser un calvario pero que es recompensado con el simple hecho de llegar bien, y tal vez lo que no vio aquel fotógrafo fue que fuera de esa cara de cansancio, existía una alegría, un orgullo del logro y un sentimiento de libertad muy grande.

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol. La luna en el ocaso de Acapulco

La organización del Sol a Sol terminó con una cena y una rifa, en la cual con mi pésima suerte no me gané ni un llavero, pero ya estoy acostumbrado a eso. Luego una cena, pero la verdad para ese momento yo ya estaba “fundido” así que apenas probé la comida y fui a descansar y antes de conciliar el sueño, resumí en mi mente todo el día, la experiencia, el viaje, lo divertido.

Seguramente lo volveré a hacer aunque lo tendré que pensar dos veces si es en una Moto Guzzi V9 Bobber, no es mal producto pero tiene muchos detalles que pueden y deben mejorar, el que aparente ser una moto retro no quiere decir que tenga las carencias de antaño, además de una ergonomía que no es muy adecuada para una persona alta ya que las espinillas están sobre las cabezas del motor y me di unos buenos golpes, un compañero que iba en la Moto Guzzi Roamer disfrutó más el camino ya que ese modelo está más pensado en el viaje.

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol

Moto Guzzi Bobber en el Sol a Sol. Posiblemente no ale nada, pero para los que participamos importa mucho

Pero al final, esta incomodidad por así decirlo era como se hacía hace más de 50 años, con máquinas hechas para disfrutar el viaje y no con decenas de sistemas electrónicos que te quitan el manejo en un 50%, seguros sí, pero a veces excesivos y Moto Guzzi premia a los puristas del manejo en moto, de esos que cada vez quedan menos.