Esta es una de esas pruebas de manejo de nivel-C que quiero tomarme muy a título personal, y partiendo de esto recuerdo aquella frase de “todo tiempo pasado fue mejor”, algo con lo que estoy totalmente en contra pero en algunos casos tiene ciertos matices de verdad, por ejemplo el manejo de antes era más puro y sencillo, donde el piloto solo tenía que ocuparse de poner gasolina y subir a rodar muchos kilómetros y si existía algún problema mecánico era sencillo de arreglar en el momento.

Gracias a ello nació en los 50´s el movimiento Café Racer, aquel que tomaba las motos existentes de la época para “tunearlas” y darles nueva vida e incluso desempeño. De aquellas modificaciones nació otro concepto denominado Scrambler que a diferencia de las Café Racer enfocadas para la velocidad en pista o carretera, estas tomaron el camino de la terracería sin perder mucho las aptitudes de calle, siendo así las abuelas de las doble propósito del presente.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

Forma y función

Con esta idea en mente BMW decidió usar como base la R nine T para crear su propia Scrambler, tal vez no es la mejor opción con un motor bóxer y tanto peso, pero el diseño en general le da muy buena presencia. Los principales cambios con respecto a la R nine T convencional es la suspensión delantera, neumáticos con tacos y escapes dobles elevados, que son la identidad del concepto Scrambler y no solo era adorno, ya que con esa posición se evitaba que el lodo, agua y tierra pudieran entrar al ciclo mecánico.

Como ya es costumbre BMW ofrece una amplia gama de accesorios aunque algunos no deberían serlo como los rines de rayos cruzados ya que estos también pertenecen al concepto Scrambler y los que trae de serie no le quedan nada bien. Esto también aplica para la protección de “reja” del faro, el “parabrisas” donde por lo regular va el número del piloto, al igual que en el lateral derecho y que en este caso no aparece ni como opción. Sí, son detalles quisquillosos, pero esos son los elementos mínimos de una Scrambler.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

Apartado mecánico

Pasado este momento de molestia con BMW por no desarrollar bien el concepto de Scrambler desde el principio llegamos al apartado mecánico que no cambia en nada con respecto a la R nine T y de hecho no le hace falta ya que el motor de dos cilindros opuestos de 1.170 cc desarrolla 110 hp y un par motor de 116 Nm, datos que para poner en contexto son 15 hp y 9 Nm menos que la R 1200 GS Adventure que está hecha para casi todos los caminos.

La caja de cambios es de seis marchas y la transmisión de potencia al eje trasero es por medio de cardán y mantiene la electrónica de la R nine T, es decir solo frenos ABS (que no se pueden desconectar en la versión básica, gran error). El peso de la R nine T Scrambler es de 220 kg y la capacidad de combustible es de 17 litros.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

Sensaciones

Tuve la oportunidad de manejar la R nine T cuando llegó a México y me gustó por el simple hecho que no se parecía a nada en el portafolio de BMW Motorrad, es decir no estaba sobreasistida en el manejo y los elementos como palancas de cambio y clutch eran duros, además de un sentir muy poderoso en la torsión del motor bóxer, pero estos detalles desaparecieron para la versión 2016 y de paso también se incorporaron a la Scrambler, aunque esas son cuestiones que pueden o no gustarle para el día a día.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

Nuestra experiencia de manejo

En nivel-C si nos gusta manejar y salir de viaje, probar las motos (y coches) para lo que están hechas y así poder tratar de trasmitirles una experiencia real, no solo una suposición al sacarla a dar unas vueltas en la cuadra. Por ello comenzamos a pensar dónde podríamos ir con la R nine T Scrambler, con la consigna que debería de haber terracería. Comenzó la lluvia de ideas pero los destinos estaban muy ocupados en hotelería por lo que surgió Mineral de Pozos, Guanajuato, un pueblo que tuvo un apogeo en minería y posteriormente fue casi abandonado, dejando grandes haciendas y casas abandonadas.

Pero la ruta desde la Ciudad de México era relativamente corta y llena de largas y aburridas rectas de carreteras federales, por lo que al ver los mapas decidimos recordar los ideales del Café Racer, es decir ir parándonos en cada pueblo que pasáramos. Así que la ruta nos llevó primero a San Miguel de Allende, luego a Dolores Hidalgo, para terminar en Mineral de Pozos, y el regreso no fue menos especial ya que tomamos parte de la Sierra Gorda para bajar al Estado de Hidalgo y llegar nuevamente a la Ciudad de México.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

Para comenzar el viaje algo que no calculamos fue la cantidad de frío que hacía y una ligera lluvia que nos acompañó todo el camino, misma que desde la salida de la ciudad ya había hecho que las motos estuvieran sucias cosa que no importó después para las fotografías. La primera parte del recorrido fue en rectas y curvas amplias donde la R nine T Scrambler se siente bien aunque no muy cómoda, pero no es por la moto en sí, sino por la configuración ya que carece de apoyo aerodinámico frontal y el aire da directo en el pecho y se requiere más fuerza en los antebrazos, pero esto es normal y hasta agradable. Otro punto son los neumáticos con tacos que la hacen algo nerviosa en el curveo, pero con el tiempo nos acostumbraremos a ello.

Ir peleando contra el aire no era una novedad pero el aire helado se metía por todos lados (sí, por dónde se les ocurra), pasando algunos kilómetros me acostumbré al sentir y el viaje se tornó placentero. Al llegar a San Miguel de Allende las calles adoquinadas y húmedas no fueron un problema para las llantas que siempre tenían adherencia, aquí jugó a favor la suave sensibilidad de las palancas de la moto ya que el tránsito era una locura. La R nine T Scrambler llama la atención, ya sea por el diseño o sonido tan potente y ronco. En este punto nos estacionamos para poder ir a desayunar y tomar muchos litros de café. Algo casi mágico que pasa en los viajes de motos es que el tiempo pierde importancia y se va muy rápido.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

El viaje continuó hacia Dolores Hidalgo, Guanajuato, un lugar de gran significado histórico para México, y era una visita obligada conocer los museos/casa de Miguel Hidalgo y Costilla y de paso la casa de José Alfredo Jiménez, un cantautor que dejó una gran huella con su música. Para llegar a este punto tomamos un camino algo maltratado y con lodo, además de una mayor cantidad de lluvia. En este punto se notó otra diferencia con la R nine T, y es que la suspensión es más firme por lo que cualquier paso por un bache, tope o desnivel hará que lo pague nuestra espalda. Aunque en un tramo franco de velocidad pudimos acelerar llegando hasta los 180 km/hr algo no muy recomendable con este tipo de llantas, pero teníamos que intentarlo. Al llegar a Dolores Hidalgo, notamos que la salpicadera trasera de la Scrambler no sirve de nada ya que tenía todo el lodo del camino en la espalda y casco, pero bueno hice de cuenta que era parte del viaje y no me molesté.

Luego de visitar los puntos turísticos y comprar algunos recuerdos, proseguimos el viaje con la sorpresa de una niebla que comenzaba a bajar sobre el camino, incrementando el frío. El siguiente punto en nuestra lista era San Luis de la Paz, Guanajuato, pero no llegamos a dar esa vuelta ya que al preguntar a un policía nos indicó la ruta corta a Mineral de Pozos, la sorpresa fue que eran alrededor de 20 km de terracería y cruzar un monte para salir a las calles del pueblo.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

Aquí la R nine T Scrambler estaba en su elemento, las largas rectas de tierra invitaban a acelerar y esto con pleno control, sin movimientos nerviosos aunque era una molestia no poder desconectar el ABS. El camino cambió abruptamente por curvas de subida y bajada del monte, con surcos cruzando el camino, tierra y piedras sueltas y por supuesto mucho lodo. Pero la Scrambler estaba en un día de campo, para esto está hecha y manejarla en estos puntos solo causaba una sonrisa.

Mineral de Pozos nos dio una lúgubre bienvenida con sus casonas abandonadas cobijadas por el manto blanco de la niebla y la inminente puesta de sol, imágenes fantasmales parecían salir de todas partes debido a las sombras de los árboles y de la gente que pasaba. Al llegar al centro las cosas no cambiaron mucho ya que el silencio imperaba en el lugar, tal vez el frío mantenía a la gente en sus hogares pero la parte habitada seguía pareciendo un pueblo fantasma, mágico, inquietante pero muy tranquilizador y algo entre tanta piedra tipo cuarzo que hay en el camino ayuda a descansar. Amables lectores les recomendamos ampliamente visitar este pueblo Mágico de México.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

Luego de un sueño reparador el tiempo parecía nuevamente sobrarnos y por ello se nos hizo tarde a la salida. el siguiente destino estaba a unos 10 km, en la zona de la ex fundición, con los hornos y haciendas abandonadas. Para llegar a este punto nuevamente tocó manejar en tierra, lodo, charcos inmensos y piedras que movían la dirección de la moto. Pero a diferencia del día anterior ya no había cansancio así que las curvas las tomábamos acelerando, causando que la llanta patinara y controlando con el cuerpo la moto, algo que en una doble propósito sale fácil pero en la pequeña y ancha Scrambler requirió más esfuerzo. En este punto realizamos las fotos que les compartimos un escenario un tanto nostálgico pero que combinaba de manera perfecta con el concepto de la R nine T Scrambler.

Luego de un par de horas y sin querer irnos partimos hacia la carretera, pero ahora tomamos camino hacia parte de la Sierra Gorda, por la Presa Zimapán pero este cambio fue algo del momento, sin planear era por el gusto de seguir manejando sin importar que seguramente en el trayecto nos tocaría la noche. Comenzamos este recorrido con un muchas curvas de todo tipo, si bien los neumáticos no le hacen un favor a la R nine T Scrambler ya le habíamos tomado la medida. Pasamos la zona de la Presa a baja velocidad aprovechando los escenarios que nos brinda México, zonas semi desérticas que dieron paso a zonas verdes y luego a oscuridad pura con la puesta del sol, pero esto cambió cuando al dar una vuelta vimos un resplandor blanco al frente y es que tuvimos la fortuna de compartir el viaje con la “Súper Luna” y no tengo palabras para describirles el sentir de esa compañía.

BMW R nine T Scrambler

BMW R nine T Scrambler. Foto: Ricardo Silverio

Como podrán darse cuenta en ningún momento comenté sobre la entrega de potencia y recuperación de velocidad de la Scrambler, y es que no es necesario ese motor bóxer es contundente desde la parte baja de las revoluciones, y esto lo notamos en las cercanías del Hidalgo ya que la carretera era solo de dos sentidos y los camiones de carga causaban largas filas para los autos, mientras que para la Scrambler solo bastaba bajar un cambio o dos y rebasar para tener el camino libre.

Luego de este viaje, el recuento que me deja la R nine T Scrambler es que es una gran moto, que se desmarca del resto de la gama con un manejo más físico y de la vieja escuela, aunque no le caería nada mal una mayor capacidad de tanque de combustible, ya que debo decirles que el motor es algo sediento. La R nine T es uno de los mejores productos de BMW que mantienen aquel viejo eslogan de “El Placer de Conducir”.