A veces en este trabajo de la industria automotriz, se nos olvida un poco el hecho que tenemos mucha suerte en poder probar la mayoría de autos nuevos que se encuentran en el mercado mexicano y por ello, muchos colegas son seducidos por el glamur del viaje, las presentaciones y la potencia del auto, cuando esto le importa poco o nada al consumidor final que quiere invertir su dinero en un bien patrimonial, para ser su transporte diario o el de su familia con eventuales salidas a carretera. Con el auge de los SUV han venido muchas opciones y el Mazda CX-5 nos recordó lo básico en una prueba de manejo.

Hace unos meses tuvimos la oportunidad de manejar los demás modelos de la gama de SUV´s de Mazda de México como el CX-3 que era muy divertido por su ligereza y la CX-9 que de plano se comporta como una camioneta grande norteamericana dejando el “zoom zoom” guardado en casa. Ahora con la Mazda CX-5 que es el modelo intermedio nos encontramos con un sabor agridulce en cuanto a motor, pero en resultados generales es muy buen producto.

Mazda CX-5

Apartado mecánico

Mazda CX-5 cuenta con cuatro niveles de acabado que varían en equipo de serie y potencia de entrada cuenta con un bloque 2.0 litros de 153 hp pero a nosotros nos tocó la s Grand Touring 2WD, es decir el tope de gama que presume el motor de cuatro cilindros Skyactiv 2.5 litros que desarrolla 188 hp y un par motor de 185 lb-pie, asociado a una caja de cambios automática de seis velocidades y con el dato del peso nos damos cuenta que el equilibrio entre el peso y potencia no es de lo mejor. Peso bruto vehicular 2.103 kg y en vacío 1.562 kg.

Forma y función

Hablar de diseño en la Mazda CX-5 sale sobrando ya que el nuevo lenguaje que ofrece es prácticamente el mismo del resto de la gama, aunque a diferencia del Grupo VAG les dotan de detalles que las diferencian como lo es el juego de luces y marco inferior cromado de la parrilla, las formas de líneas continuas le dan un mayor volumen visual sobre todo al frente mientras que atrás es algo genérico y no trasmite nada en especial.

Al interior Mazda lo hace muy bien, se olvida de decenas de botones y sobre cargas de insertos y detalles para darnos un aspecto limpio y hasta cierto punto sobrio sin alejarse del mercado joven al cual apunta. Pantalla táctil, botones en el volante, controles de aire acondicionado y al lado de la palanca de cambios encontramos el botón con los modos de manejo (dos) y el “dial” de infoentretenimiento, similar al de BMW pero más sencillo.

Mazda CX-5

Mazda CX-5

Nuestra experiencia de manejo

Les comentaba que esta prueba fue un tanto distinta, ya que Mazda de México nos prestó la Mazda CX-5 pero justo esa semana tenía muchas actividades, incluso el fin de semana pero por azares del destino el trabajo de sábado y domingo no se realizó pero no tenía un plan concreto, así que a ver los contactos del teléfono “igual alguno tenía tiempo libre”. Y así fue un conocido y su pareja y yo con la mía decidimos ir de fin de semana a Tepoztlán, en el Estado de Morelos.

Y ante la amenaza de “no manejes rápido que me mareo” me mentalicé a no acelerar como por lo regular lo hago en una prueba o lanzamiento de producto. La primera parte del manejo me dio en la ciudad con el modo normal de manejo, con una entrega de potencia suave pero eso no importa ya que el tránsito y límites de velocidad hacen que muchos caballos de potencia sean poco menos que inútiles. Aquí la Mazda CX-5 se comporta muy bien el rango de giro es muy bueno, la suavidad de la dirección permite rápidos cambios de carril. La suspensión se siente suave, -no tanto como la CX-9- y alcanza a hacernos olvidar baches y todo eso de lo que está lleno la Ciudad de México.

Mazda CX-5

Mazda CX-5

En la carretera pude cumplir con la amenaza que me hicieron de no ir rápido pero fue involuntario ya que la Mazda CX-5 se queda muy corta con el motor 2.5 de 188 hp, éramos cuatro personas con equipaje ligero y la unidad sufría un poco en la subida de la salida hacia Cuernavaca, por lo que los 120 km/hr que traía fueron constantes, pero me tenía que olvidar de tratar de hacer un rebase porque no me sentía confiado.

A diferencia del desempeño del motor, el chasis y suspensión se comportaron bien en el curveo, o tal vez por el hecho de no ir rápido la Mazda CX-5 no acusó de movimientos laterales o de irse de frente como su “hermana la 9”. Ya en Tepoztlán existen muchas calles con inclinaciones de miedo y ahí debo de confesar que me preocupó un poco porque se comenzaba a quedar por lo que solo deseaba que no se atravesara alguien en mi camino porque no sabía si iba poder arrancar desde parada hacia arriba.

Eso sin dudas es un problema y no nos gustó nada a los que estábamos a bordo. Pero la parte buena por así decirlo fue la comodidad para todos, desde el espacio, aire acondicionado y la calidad de marcha ya que en aquel pueblo mágico todo es empedrado pero con la suspensión no se sentía nada, al igual que una zona de tierra que pasamos.

Mazda CX-5

Mazda CX-5

Nuestro viaje nos llevó hasta Amatlán con calles estrechas que fueron la prueba para las maniobras en corto de la Mazda CX-5 y de paso el uso de la cámara de reversa ya que había calles que no tenían salida.

En un rato nos detuvimos a la orilla del camino y ahí entre un sol inclemente, sonidos de animales y viento y en compañía de unas vacas llegamos a la conclusión de la Mazda CX-5 una que aplaudió la comodidad que ofrece y equipo de serie estando muy cerca de un vehículo Premium, pero por otra lado escuchando una nueva crítica sobre los motores Skyactiv, que pueden ser muy buenos y ahorradores, pero con la orografía de la ciudad de México sufren y eso ya lo he constatado en muchas ocasiones.