Luego de una espera un tanto agónica durante el año 2016 por fin pudimos manejar el Chevrolet Corvette Stingray, el cual representa la puerta de entrada de esta gama con “solo” 460 hp, ya que debemos recordar que le sigue el Corvette Z06 que lleva la potencia hasta los 650 hp. Pero por algo teníamos que comenzar y el Stingray no decepciona, al contrario nos hace sentir el poderío de un súper auto, pero no al grado de precios de los exóticos o las marcas de renombre como Ferrari o Porsche, el “Vette” se puede defender muy bien.

Forma y función

Hablar del diseño sale sobrando y mucho ya que las imágenes hablan por sí solas del cambio de diseño que tuvo el modelo con respecto a la generación pasada, dotándole de líneas más afiladas. Un frontal con un notable mejor trabajo aerodinámico, una parte lateral que respeta el diseño histórico de la marca y sin lugar a dudas un trasero que si bien siempre ha sido cuadrado ahora tiene un tinta más dramático y futurista. Cómo poder dejar de ver las cuatro salidas de escape y la moldura del difusor en color contrastante.

Chevrolet Corvette Stingray

Chevrolet Corvette Stingray. Foto: Ricardo Silverio

La versión que nos tocó manejar contaba con algunas piezas post venta, que podemos observar en las franjas que rompen con el tono blanco del color así como un paquete aerodinámico inferior que va desde la parte baja de la fascia, faldones y nuevos detalles en el alerón.

Al interior las cosas también evolucionaron y para bien con un diseño que si bien se basa en la anterior generación logra un nuevo sentir de deportividad y sobre todo que todos los elementos del tablero y pantalla central están orientados al piloto. En la versión probada tuvimos vestiduras en color rojo que combinan excelente con el exterior blanco. Las texturas se complementan con partes en tono negro, aluminio pulido y la que rodea la pantalla central en fibra de carbono.

El tablero de instrumentos combina lo análogo con lo digital al centro, volante multifunciones (aunque las de audio son incómodas) paletas de cambio detrás del volante. Palanca de cambios (tristemente automática) acompañada de un botón solitario que determina el tipo de manejo. Al centro una pantalla táctil con todo lo que se necesita de info entretenimiento e incluso parámetros del auto. Sobra decir que el auto es duro e incómodo para acceder, pero eso es uno de los “problemas” implícitos de un deportivo pura sangre.

Chevrolet Corvette Stingray

Chevrolet Corvette Stingray. Foto: Ricardo Silverio

Apartado Mecánico

El Corvette Stingray cuenta con un motor V8 de 6.2 litros co inyección directa, que desarrolla 460 hp y un par motor de 460
lb-pie o lo que llaman “un motor cuadrado” al contar con una cifra similar de potencia y par. La caja de cambios es posiblemente lo menos acertado para este deportivo ya que es una automática de ocho velocidades. La tracción obviamente es al eje trasero y cuenta con el reconocido sistema magnetic selective ride control para la suspensión, mismo que ofrecen algunos modelos italianos.

Sobra decir que la carga electrónica es importante, con sistemas de seguridad y ayudas al conductor pero esto no demerita el sentir rudo del modelo, la dirección es más suave que la generación pasada pero no llega a ser artificial y suave como en otros deportivos. Cuenta con cinco opciones de manejo (Weather, Eco, Tour, Sport y Track) donde destacan el Eco al desconectar una bancada de cilindros y el de Track donde se activa la grabación de vueltas rápidas en pista. Como sabemos en cada modo la gestión de la suspensión, entrega de potencia y caja de cambios.

Chevrolet Corvette Stingray

Chevrolet Corvette Stingray. Foto: Ricardo Silverio

Nuestra experiencia de manejo

Y bien, ¿cómo se siente manejar casi un millón 300.000 pesos?, y la respuesta es sencilla, es incómodo para abordar, es duro en el transito diario, tiene poco rango de giro en espacios cortos, pega en todos los topes tanto el deflector delantero como la parte baja, consume combustible como si el litro fuera barato y es un imán de miradas. Pero ¿esto es malo?… por supuesto que no , ya que el Corvette Stingray no es un auto de uso diario ni busca serlo, pero privilegia el manejo y a los que gustan de hacerlo, aquellos que una dirección suave y una potencia controlada por electrónica les cause sarpullido, para esos ratos en pista o manejo en caminos sinuosos está hecho el Corvette Stingray.

Les comento lo de la comodidad en ciudad porque fui por el auto a las oficinas de General Motors en México y el regreso para guardarlo fue algo complicado por todo lo ya señalado, pero además me costó encontrar una posición de manejo ideal, sentía que iba demasiado alto en el modelo y además la percepción por lo ancho del modelo de darle a todo en los carriles próximos siempre es latente, pero a eso invariablemente nos acostumbramos.

Chevrolet Corvette Stingray

Chevrolet Corvette Stingray. Foto: Ricardo Silverio

Debo decirles también que nuestra prueba de manejo estuvo muy limitada ya que el Corvette Stingray que nos tocó estaba al final de su vida de asignaciones a los medios y los neumáticos estaban en las últimas, por lo que el manejo de algo tan potente tuvo que ser más preciso, aunque esto también ayudó a sentir el trabajo del chasis y suspensión para corregir, y vaya que se tuvo que hacer mucho al salir de las curvas y acelerar, la cola se perdía muy fácil pero en un auto deportivo de tracción trasera esto es normal y si me apuran hasta básico para el manejo.

En ciudad el modo Eco estuvo puesto y con ello el consumo fue menor (aunque era mucho) pero al salir a carretera el modo Sport salió a relucir, aquí no sabría decirles si era el estado del auto (ya necesitaba servicio) o qué pasaba pero tenía un sentir de pesadez al acelerar aunque en la recuperación de velocidad era contundente, y claro el bramido del motor al pisar el pedal hacía que todos lo vieran.

Chevrolet Corvette Stingray

Chevrolet Corvette Stingray. Foto: Ricardo Silverio

La dirección es muy sensitiva y gracias a la dureza y lo ancho de los neumáticos delanteros transmite mucha información hacia nuestras manos, el paso por curva pedía más y más velocidad pero el estado de las llantas impedía llevarlo un poco más al límite, aun así el manejo era a todas luces espectacular. Un punto a destacar era la potencia y seguridad de los frenos que podían detener todo el ímpetu del auto en cualquier momento y sin acusar desgaste luego de mucho uso.

Para este 2017 estaremos esperando un “segundo round” con el Corvette Stingray o mejor aún con el Z06 y enfrentarlo a pista con toda la confianza que brinde que se encuentre en condiciones mecánicas óptimas, ya que emitir un juicio en este momento sería injusto como en el caso del Renault Clio RS que estaba en las mismas condiciones (o peores), aunque en ese caso no hemos podido repetir la experiencia.

Así que amigos lectores tomen esta experiencia de manejo como un primer contacto con este, que junto al Ford GT son los últimos súper deportivos estadounidenses.